Muchos de nosotros nos hemos topado con esta pregunta, precisamente justo al terminar nuestra carrera universitaria; algunos familiares nos recomiendan seguir estudiando, otros conseguir un buen empleo; y por supuesto, nuestros padres hacen todo lo posible en ayudarnos a encontrar trabajo y vivienda lo más cerca de ellos. Ojalá puedan comprender nuestra necesidad de independencia.
El otro día recordaba una película llamada El Graduado (The Graduate); pienso que tomando solo el principio de la película, esta refleja muy bien el sentimiento que experimentamos muchos de nosotros al culminar una carrera universitaria; nos sentimos parados justo en la mitad de la vida en esa delgada franja que separa nuestra vida de adolescente y estudiante universitario y la de adulto con empleo, auto y pareja.
Ciertamente la vida de pareja, si aún no se ha elegido, es un camino difícil al comienzo, pero esa es otra historia. Ahora hablo de esa decisión inequívoca que debemos tomar al momento de graduarnos, -escribiendo esto me observo a mi mismo sentado en mi trabajo pensando en buscar otro empleo, establecerme en otra ciudad o seguir estudiando un post-grado-. Todo lo anterior son caminos desérticos si no se toma la decisión de encontrar un motivo real por el cual luchar; muchos nos centramos en conseguir objetos, llámese poder adquisitivo, autos, casa o un estatus alto en la sociedad como un buen empleo; pero, créanme, nada de esto satisface el deseo de trabajar por un fin que nutra nuestra pasión de seguir investigando y creciendo sintiéndonos como niños otra vez, al otro lado está el no tomar ningún paso cayendo en la rutina del trabajo por el vivir y el vivir por el trabajo para luego encontrarnos con 40 años mirando atrás, mirando nuestras manos desgastadas pensando –qué sucedió en todos estos años, qué hice?-.
Pues bien, aún esto no ha sucedido, ahora es el momento de tomar una decisión certera, rápida y sabia. Pero, ¿cómo tomar una decisión sabia si aún no hemos vivido lo suficiente?, y en una sociedad tan compleja en la que hemos crecido, en donde perdemos solamente 15 años para medio preparados al terreno de la vida.
Sea lo que sea que se decida quizás no tenga tanta importancia, la importancia real está en tomar la decisión, una decisión que debe ser de carácter moral, que llene nuestro espíritu, que alimente esa fuente inagotable de energía, nuestra la pasión por descubrir. Se debe poner amor de eso estoy seguro, así iremos siempre delante de la otra necesidad, el dinero.
Vaya! Qué difícil verdad?; pues no es tan difícil si lo intentas y no me cabe la menor duda que se comienza por arriesgar, dar un paso adelante y tomar esa decisión que tantos miedos nos ocasiona, luego te lo agradecerás a ti mismo.